martes, 4 de junio de 2013

3. Historias del deporte

Lasse Viren: obsesionado con la gloria olímpica
Lasse Viren fue un atleta peculiar y desconcertante. Uno de los más grandes de la historia de los Juegos (doble campeón olímpico de 5.000 y 10.000 en Munich´72 y Montreal´76), pasaba largos periodos de tiempo-años incluso-, sin lograr un resultado destacado. Podría decirse que sólo le interesaban las citas olímpicas, donde se consagró como uno de los mejores fondistas de todos los tiempos. Introvertido y reservado, despertaba tanta admiración como recelos y suspicacias.
 
Atleta frío, sobrio y de estilo elegante, Viren ha pasado a la historia como el único capaz de lograr en dos ocasiones el doblete olímpico en 5.000 y 10.000 metros, algo que consiguió en Munich´72 y Montreal´76. Otros grandes campeones, como Hannes Kolehmainen en 1912, Emil Zatopek en 1952, Vladimir Kuts en 1956 o Kenenisa Bekele en 2008, han conseguido este mismo doblete en unos Juegos, pero ninguno de ellos lo ha podido repetir. Después de conocer este dato, sorprende echar un vistazo a su palmarés, en el que “sólo” encontramos estas cuatro medallas de oro olímpicas….y una medalla de bronce en los Campeonatos de Europa de 1974. Sin duda, un caso excepcional.
Lasse Viren era un chico de campo con raíces fuertemente asentadas en Myrskylä, un pequeño pueblo de Finlandia rodeado de bosques, lagos, extensas praderas y empinadas colinas, donde nació el 22 de julio de 1949, donde creció y donde ha residido toda su vida. De pequeño practicaba esquí de fondo (llegó a ganar varias carreras infantiles), pero pronto se decantó por el atletismo, deporte por el que lo dejó todo. Siendo un adolescente abandonó sus estudios de mecánica para entrenar más, y ya por aquel entonces daba muestras de una fuerza de voluntad y una disciplina inquebrantables. Desde el principio se decantó por las pruebas de fondo, distinguiéndose por sus extraordinarios finales de carrera
 
Suzanne Lenglen: con ella llegó el escándalo
Fue la primera gran celebridad del tenis femenino, cuyo circuito dominó con autoridad en los años veinte. Pero si por algo destacó la francesa Suzanne Lenglen fue por su arrolladora personalidad, por su atrevida vestimenta en las pistas, o por costumbres inauditas para la época como dar algún traguito de coñac durante los partidos. Siempre rodeada de polémica, La Divina vivió intensamente, se retiró joven y murió de forma prematura. Esta es la historia de una de las más grandes pioneras del deporte femenino.
 
 
 Entre 1919 y 1926 resultó prácticamente invencible con una raqueta en las manos. En estos años gana seis veces Wimbledon y en otras seis ocasiones el Campeonato de Francia (actual Roland Garros). En total, 81 títulos individuales, 73 de dobles y ocho de dobles mixtos, además de colgarse tres medallas olímpicas (dos de oro) y de firmar una serie histórica de 171 victorias consecutivas. Pero más allá de sus éxitos deportivos y su elegante estilo de juego, se convierte en toda una celebridad por su glamour, su vida privada y unas costumbres revolucionarias para la época. Su influencia fue mucho más allá del mundo del deporte, convirtiéndose en referente para muchas mujeres.
En 1919 pasó por el torneo de Wimbledon como un auténtico ciclón. El público del All England Tennis Club -tradicional y conservador en su mayoría- se mostró entre sorprendido y escandalizado cuando en su primer partido la vio aparecer con una cinta de tul en la cabeza y un vestido que dejaba al descubierto sus antebrazos y pantorrillas. Lo hacía, según explicaba ella misma, por comodidad y estética, pero la sociedad no estaba aún preparada para aquella vestimenta tan “atrevida”. Por entonces, las tenistas llevaban el recato hasta el extremo, jugando con vestidos que cubrían casi todo el cuerpo.
 
 

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